Medicina Basada en Evidencias: certezas e interrogantes

La Medicina Basada en Evidencias (traducción poco feliz de Evidence-Based Medicine – Medicina Basada en Pruebas) cobró gran difusión a comienzos de los ’90 de la mano de los doctores David Sackett y Gordon Guyatt, y del Evidence-Based Medicine Working Group” de la Universidad McMaster en Ontario, Canadá.  Quizás el mayor mérito de la MBE es defender una metodología precisa para la evaluación de la información científica y un ordenamiento jerárquico de las evidencias. Aunque los ensayos clínicos controlados de grandes dimensiones o el metaanálisis de ellos se consideran como la mejor fuente para la toma de decisiones terapéuticas, la MBE permite pensar los “niveles de evidencia o certeza”, es decir la fuente real de prueba con la que sustentamos nuestras decisiones cotidianas.[1]

La MBE consiste en el uso consciente, explícito y juicioso de las mejores y más actuales evidencias o pruebas en la toma de decisiones sobre el cuidado de los pacientes. Practicar la Medicina Basada en Pruebas significa integrar la competencia clínica individual con la mejor evidencia clínica externa disponible a partir de la investigación sistemática. La MBE establece criterios para la evaluación de dichas pruebas, siendo los metaanálisis y los ensayos clínicos aleatorizados y controlados los que ofrecen pruebas más sólidas dejando a la opinión de expertos en el último lugar.

Esta clasificación del nivel de evidencias podría plantear una contradicción: los profesionales que  deben seleccionar y aplicar las pruebas sobre la base de su competencia clínica individual son los calificados con el nivel más bajo de evidencia. Cabría preguntarse entonces  ¿La experiencia individual no sirve como prueba y sirve para ser aplicada en una consulta concreta? Tal vez esto tenga alguna influencia en la resistencia que se observa en algunos profesionales a la hora de aplicar la medicina basada en pruebas.

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¿Conoces qué son y para qué sirven los Registros Mundiales de Ensayos Clínicos?

 

Se trata de una iniciativa para evitar sesgos de publicación y el ocultamiento de información.

Cuando la comunidad médica advirtió que diversos intereses podían sortear los filtros metodológicos y los cálculos estadísticos que utiliza la Medicina Basada en Evidencias, y sesgar de esta forma los resultados, fue necesario diseñar otras estrategias que operaran también como compensadoras. En este marco surgió, por ejemplo, el desarrollo de los estándares de publicación.

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